La muerte es una de las pocas cosas en la vida que está garantizada. Nacemos y morimos. Unos viven poco, otros viven mucho. Algunos mueren de formas naturales (con el cese del proceso homeostático del cuerpo) y otros por razones que escapan de su control (exceptuando la eutanasia voluntaria y/o el suicidio).
La mayoría de nosotros queremos vivir lo más posible. Pero el cumplimiento de tal deseo escapa de nuestras manos. Nos preocupamos por comer bien, nos fijamos cuando cruzamos la calle, nos ponemos el cinturón apenas nos montamos al carro, no andamos por calles solitarias, vamos al médico una vez al año, entre otras cosas. El instinto fundamental de todo ser vivo es sobrevivir. Y ojalá cientos de años.
¿Qué daríamos por tener la famosa Piedra Filosofal o un deseo del genio de la lámpara de la historia de Aladino para pedir la inmortalidad? ¿O qué daríamos por saber la tan misteriosa verdad de si existirá la vida eterna, de si un santo llamado Pedro nos estará esperando cuando partamos de este mundo?
La muerte es lo más seguro en la vida, pero también es lo más misterioso que hay. Siempre han existido teorías, creencias, religiones con la osadía de apropiarse la verdad absoluta. Nos dicen que sólo debemos creer. ¿Pero cómo saber quién tiene la razón?
Todos perdemos, e iremos a perder, seres queridos en nuestra vida. Eso es inevitable. De un momento a otro no tenemos a aquel o aquella que nos hacía sonreír, que nos hacía compañía, que nos quería… Esa maldita muerte nos quita impredeciblemente personas, seres, que nos llenaban nuestras vidas.
Esos vacíos dejados por esos individuos nunca podrán y nunca deberán ser cerrados. Quedarán en el recuerdo, en aquellos momentos que vivimos juntos, en lo que aportaban a nuestras vidas, lo que nos hacían sentir. La muerte siempre estará ahí rondando para llevarse a sus víctimas.
Vivamos al máximo con las personas, con los seres vivos, que llenan nuestras vidas, porque uno nunca sabe en qué momento ya no estarán con nosotros.
* Dedicado a todas las personas que como yo han perdido seres queridos. No están solos en su lamento. Ni nunca lo estarán.

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